Me acuerdo que…



… En unas de las tantas aventuras de pesca, en donde hacíamos las más variadas peripecias para llegar a cualquier destino que nos permita despuntar el vicio, desde hacer dedo a vender limones en el barrio para juntar para el pasaje.
Así fue que llegamos una cálida mañana de enero a Villanueva. Después de bajar del colectivo, sorteamos rápidamente los 500 metros que nos separaban de nuestro pesquero predilecto: “El Arroyito”
Lugar en donde siempre parábamos, tanto por su rinde como su comodidad para pescar cuando la correntada era fuerte.
El tan querido río Salado nos recibió manso, tranquilo, en ese entonces teníamos alrededor de 14 años y nos desbordaba la impaciencia, queríamos tirar las cañas…
Adolescente e inexperto, me encontré lanzando mi querida caña de fibra de 3.60 mts., plomo de 120 grs., y anzuelos  como para pescar submarinos…
Cada lance estaba lleno de expectativas, de ese pez tan grande que no cabía en nuestros sueños.
La mañana transcurrió entre mates y charlas sin ningún pique. Al mediodía comíamos el mejor de los almuerzos: los sándwiches de “ mila “ que de a kilos hacía la vieja. Cuando de repente … Che! La caña!!, nos levantamos como un rayo, mi caña estaba arqueada, casi al límite (o eso pensaba yo), la tomo con fuerza , mi corazón se acelera y mis ojos no se despegaban del río, el pez iba y venía a su antojo, mientras en la costa todo era expectativa … todos gritaban: - ¡Traela!, Dale tanza!, yo no escuchaba, estaba inmerso en una especie de trance.
Pasaron unos 20 minutos y el pez empezaba a ceder, la presa se acercaba a la orilla, nosotros estábamos arriba del barranco, 2 mts. Más abajo, una pequeña playita en donde uno apenas podía pararse.
-Traelo Traelo !!! , gritaban, - Se va a cortar la línea - Replicaba yo . Decido traerlo, hasta que por fin se asomó nuestro contrincante…
Quedamos perplejos, esa es la palabra que mejor nos definía en ese momento, estábamos frente a una carpa de unos 9 kg. que, para nosotros, era hasta ese momento el mayor pez de nuestras vidas, ninguno reaccionaba, sólo se oía mi súplica: - ¡Bajen! ¡Agárrenla!, y bajaron…
Parecía que estaba frente al “MÍTICO TIBURÓN” de la película, cada coletazo de la carpa, mis amigos se replegaban un metro atrás, que miedo le tenían !!!, suelto mi caña e intento bajar, todos gritaron: - ¡Quedáte!, ¡Se suelta!, suplicaba yo - . Paso un minuto más, casi un siglo para mí y nadie se animaba a agarrarla, chapoteo una vez más, y luego, el silencio … la tanza se afloja, todos mirando el río y yo sin soltar la caña … ya se había ido, ¡Qué decepción!.
En mis ojos todavía se reflejan los coletazos…
Año tras año volví, siempre al mismo lugar, buscándola, dentro de mí tengo la seguridad que nos vamos a volver a encontrar…
… Ya pasaron 14 años y la sigo buscando, dicen que: “el pez más grande siempre es el que se escapa “; puede ser o tal vez no…
Hoy te sigo buscando y creo que nunca dejaré de buscarte.
Sólo me queda algo por decirte:
“GRACIAS POR ESCAPARTE “…
 

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