Lluvia y Viento en Piedras Blancas

 

Pila Decarolis, el mejor guía de pesca de la zona, me había enviado un mensaje telefónico donde me decía que estaban haciendo una muy buena pesca, de hecho había guiado unos días antes a Jorge Michelini, un amigazo, sacando mas de veinte dorados  de entre uno y cuatro kg. y hasta se dio el lujo de clavar de la boca un hermoso surubí de unos ocho kilos que se lo veía lomear cazando a orillas de un banco de arena, con senuelos y moscas.

 

PARTIDA CON LLUVIA

Dispusimos la partida con Eduardo Bertolotti y un viernes a la una de la tarde emprendimos el viaje.
El recorrido de siempre, Ceibas, Gualeguay, Villaguay, Viale, Maria Grande, Hasenkamp y por fin Piedras Blancas, lo realizamos bajo una fuerte lluvia, nos alentaba a seguir el pronostico para el sábado, que prometía buen tiempo y parcialmente nublado.

Llegamos a Piedras Blancas bien entrada la noche dado que desconocí la entrada, ahora llena de columnas con una gran iluminación y como no recordaba en que km. (523) teníamos que doblar, seguimos hasta el 550 donde vimos a un paisano caminar a la vera de la ruta y ante nuestra requisitoria muy amablemente y con una sonrisa socarrona, nos espeto: - Nooo, ze pazaaaron, tenían que doblar en el luzerio…. Que va’ser.


Durante la cena, charlamos sobre lo que haríamos al día siguiente y una cosa era segura, tendría que guardar mis senuelos donde
mas me guste, dado que la turbidez que presentaba el agua  haría imposible que los dorados pudieran verlos y tomarlos.
Nos fuimos a dormir temprano, cansados por el trajín y contrariados por no poder
hacer la pesca que mas nos gusta, el Bait Cast, igualmente paladeábamos lo que vendría, no sin poner un ojo en el cielo, para ver si se cumplía el pronostico.

A LA MAÑANA

Ocho en punto paso Pila a recogernos, nosotros ya estábamos afuera desde hacia media hora y el día no podía presentarse peor, un viento bastante fuerte sacudía todos los arboles y el presagio de lluvia era inminente.
No obstante depositamos la lancha en el río y emprendimos la marcha por el arroyo Alcaraz, al reparo del fuerte viento.
Pila trataba de consolarme y corriente arriba paramos en la confluencia con otro arroyito, para intentar la pesca con senuelos, ya en tierra  nos llamo la atención un pequeño borbollón  al lado de los carrizales en la orilla de enfrente y hacia ahí volaron los dos muñecos.
Eduardo fue el primero en acusar un toque y cañò en falso, volvió a intentar y un doradillo salto fuera del agua con la ranita de Alfer’s en la boca, soltándola en el aire.
La cara de frustración de mi amigo lo decía todo, pero por otro lado estaba el hecho positivo que estaban tomando artificiales, así que seguimos intentando hasta que acuso un pique, clavo y traigo una palometa, después otra y después nos subimos a la lancha y nos fuimos, era perder el tiempo.
Intentamos salir a río abierto pero la paliza que recibíamos por el oleaje era digna  de prestarle atención y buscar algún lugar un poco mas calmo.
Al cabo de algunas horas y muchos lugares visitados, el viento amaino bastante y nos permitió salir al gran río donde comenzamos a derivar arrastrando unas morenas ensartadas en anzuelos nº 7 y con un plomito de lastre de 10 grs. Paseándolas por un banco de arena donde la profundidad era de un metro y medio a dos metros.
Tuvimos la suerte de clavar tres o cuatro doradillos de unos tres kilos y como yo seguía con mi equipo de bait cast, con un reel huevito para mano zurda y una cañita de acción media, estos bichitos me presentaban franca batalla, haciendo que  disfrutara en grande, sin prestarle demasiada atención a la lluvia que pertinazmente se descolgó y nos acompañó casi hasta el atardecer.
Otro pique que tuve me descolocó porque se comportaba de otra manera a lo acostumbrado, dorado no era y surubí tampoco, dado que no salto como lo hubiera hecho el primero y no emprendía grandes corridas laterales como lo haría el segundo, así que nos la jugamos por que era un Patí, que se obstinó en no salir  y me llevo a dar la vuelta por toda la lancha, dado que el equipo livianito me impedía hacerme el canchero, al cabo de unos cuantos minutos, aparecieron los bigotazos blancos  de un hermoso Patí, luego de las fotos fue devuelto al agua al igual que los dorados que lo antecedieron.

El mediodía dejo paso a la tarde y la negación de la pesca fue en aumento, no teníamos ninguno de los tres un solo toque, tiráramos donde tiremos, paseamos por todos los bancos del río Paraná que Pila conocía y no tuvimos un pique.
Mientras tanto la lluvia y el viento se turnaban para molestarnos, ora se venia el mundo abajo, ora se te volaba la peluca,  los dorados y surubíes que tenia sentados sus reales por estas zonas al decir del guía, brillaban por su ausencia.

Nos arrimamos a un riacho cuya boca literalmente había sido cubierta por un banco y cansados de la paliza del viento y mojados por la lluvia,  hicimos pie en tierra firme, para pasar el banco y riacho adentro, intentar pescar alguna tarucha.
Eduardo encaro para el lado lógico del banco, donde salía el agua al río mientras que yo lo bordee por el otro lado y entre el banco y la pared del riacho note que había algún movimiento, lance un señuelito y grande fue la sorpresa al sacar un doradillo de unos 40cm., y después otro y otro, encontraron ahí un buen refugio natural, a salvo de los mas grandes y en la poca profundidad que había, retozaban a sus anchas.
Después que Edu, Pila y yo estiramos las piernas un rato y nos divertimos con la
furia innata que llevan estos bichitos, atacando todo lo que se mueve, volvimos a la lancha, ya la tormenta había pasado y dejo un cielo bastante limpio, con algunas nubes pero presagiaba que el domingo seria un día frío pero soleado.

Ya en el atardecer, volvimos a un banco que Pila le tiene una fe ciega y nos largamos nuevamente a pindacear con carnada. Tengo un pique idéntico al último y clavo un patí que, al ser mas grande que el primero, me pego una paliza que disfrutamos todos, al ver como me llevaba el equipo al limite.                                                                                                                                                                                                  Una vez que lo izamos a bordo, Eduardo deja su caña y me saca unas fotos, de pronto comienza a sonar la chicharra de su Abu 6500, deja mi cámara, toma su vara y clava, comenzando una pelea esta vez si, con un cachorro, que con locas carreras lateralizadas trataba de zafarse del engaño. Al cabo de un rato y con el sol cayendo en el horizonte, el surubí fue finalmente dominado, izado a bordo, fotografiado y devuelto a su medio sin sufrir otra lesión que no fuera en su orgullo de surubí, que seguro debe tener, si se precia de tal.

Ya era noche cerrada, dado que el día anterior había sido luna nueva y gracias a las luces del pueblo arribamos sin novedad al embarcadero. Nos estaba esperando “Martincho” con el trailer en el agua y el guía con maestría, deposito la lancha en la cama del mismo, dando por concluida la jornada de pesca.

A pesar de haber penado tanto, estábamos contentos y satisfechos y ahí se ve la buena voluntad del guía, se movió permanentemente intentando encontrar el pescado,. Estuvimos doce horas y media dentro del agua y en ningún momento bajo los brazos; el dinero que usamos para pagar sus servicios, no fue gastado, fue muy bien invertido y desde acá le agradezco su generosidad y buena predisposición.

Y ya saben amigos, como siempre digo: Si quieren pescar bien, hagan bien los deberes.

 

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