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PESCA DE PEJERREY EN PAREJA
Por
Omar Civale
Yo me desempeño en el rubro textil haciendo servicios
empresariales en el área del vestido, ya sea
indumentaria de trabajo o deportiva.
Debido a un compromiso con un laboratorio medicinal
acepté hacer en sesenta días un trabajo que
habitualmente demanda ciento veinte, no hace falta decir
que hubo que trabajar el doble del tiempo habitual,
tampoco hace falta decir que tuve que olvidarme de la
pesca hasta cumplir con la fecha de entrega.
Y como ocurre casi
siempre en estos casos en que no podes ni asomar el
hocico a la puerta, comenzaron a llover invitaciones.
Mi amigo Jorge López Basavilbaso, periodista y
colaborador de este periódico, me invitó a acompañarlo a
un relevamiento para pescar dorados y surubíes en el
norte, la idea era salir un miércoles y volver un
domingo, a mí se me caía la baba y un lagrimón así de
grande, pero estoicamente aguanté y le dije que no.
Mis inefables amigos de la peña Tengo Pique me invitaron
a pescar al Hinojo, diez de ellos salían un viernes a la
noche y volvían el domingo a la madrugada, al borde de
un colapso, dije también que no.
Creyendo que me hacían sentir mejor e intentando
consolarme, prometieron que al regreso me llamarían para
contarme como les había ido.
Y los muy guachos cumplieron, dos o tres lo hicieron
para decirme que la pesca había sido fabulosa, que hasta
el más nabo había sacado arriba de treinta pejerreyes,
además entre las diez cañas sacaron seis “tungos” entre
50 y 56 cm., colgué el auricular y juro que busqué dos
ladrillos para aplaudirme las … ganas de suicidarme.
Quince días después fueron a Cochicó con una excursión
programada para los socios, salvo cinco muchachos, entre
ellos el “presi” de la peña, que salieron en un trucker
con un guía ladrón e inescrupuloso que los estafó y no
sacaron nada, el resto levantó la cuota eligiendo los
tamaños, por supuesto me enteré de esto inmediatamente,
porqué se ve que disfrutan torturándome.
La única manera de seguir trabajando sin explotar fue la
firme promesa que me hice, en cuanto termi nara:
Aunque sea solo, iría a Trenque Lauquen.
-Y como todo pasa en esta en esta vida-, dice la letra
de un tango, llegó la fecha de la entrega, unos días
antes me comuniqué telefónicamente con Alejandra al
pesquero y reservé un bote y un par de bolsas de
mojarras para el sábado siguiente.
Le pregunté a mi mujer si quería acompañarme, aunque ya
sabía cual sería su respuesta:
–Por supuesto que sí-.
La idea de pescar y pasar un fin de semana juntos,
descansando y haciendo lo que nos gusta, resultaba
irresistible.
POR FIN LLEGO EL DIA
Y con pelota dominada, un viernes a las dos de la tarde
emprendimos el viaje, para llegar a la nochecita a los
pagos de Manuela.
Desde ya que en lugar de ir al hotelito de siempre la
llevé “al má mejor”, ese donde todo te sale un “ojo de
la cara” y la yema del otro también, pero la verdad es
que la petiza se merece eso y mucho más.
Eso sí, no la dejé elegir donde cenar, fuimos a lo de
Carmen.
Al principio, como la fonda es un bolichito humilde bien
de pueblo, yo veía que María Sara, así se llama, miraba
para todos lados medio con la nariz fruncida, pero
cuando se abarrotó el lugar con familias y comenzaron a
llenar la mesa con delicias caseras se distendió y
comimos como romanos en una fiesta, al despedirnos de la
gringa, magnífica mujer, mi compañera le agradeció la
comida y la atención prometiendo que a la noche
siguiente volveríamos para seguir probando mas
exquisiteces.
PUNTUALMENTE
A las seis y media nos despertaron, desayunamos y nos
fuimos para el Hinojo, por suerte el día se presentaba
frío pero espléndido, soleado, sin nubes y con una brisa
suave del noreste, me llamó la atención la poca gente
que había a esa hora en el pesquero, ningún micro y
muchos botes fuera del agua.
Sonó una alarma en mi cabeza:
¿Sería cierto lo que me comentaron, que la pesca era
casi nula?
En poco tiempo más, iba a desentrañar el misterio.
AL PIE DEL EMBARCADERO
Solícitamente los gauchitos que ofician de marineros me
ayudaron con mi motor y los bagayos, cuando estuvo todo
dispuesto y con los salvavidas puestos, rumbeé hacia la
izquierda del muellecito, hacía Loma alta, como la brisa
soplaba de la orilla donde estábamos no me separé mucho
de la costa, apenas unos cincuenta metros y al llegar a
un lugar que me agradó, lancé el fondeo y me dispuse a
preparar los equipos.
Una vez que cada cosa estuvo en su lugar y las líneas
encarnadas, recogí el cabo y amarré el ancla del lado de
la cruz para que arrastre por el fondo sin clavarse,
comenzando una gareteada suave que nos iba a llevar
hasta la costa de enfrente, cortando la laguna a lo
ancho.
COMIENZA LA PESCA
Efectué tres o cuatro lanzamientos para regular el reel,
estrenaba caña y rotativo, estaba lanzando una línea de
tres boyas de palitos desiguales de madera balsa sin
encarnar, obviamente muy livianas y cuando estuve
conforme con la salida del multifilamento, encarné en
los anzuelos de tres brazoladas de 80, 60 y 45 cm., dos
mojarritas chiquitas, una enhebrada y otra colgando de
la colita, dado que estos pejerreyes tienen la boca muy
pequeña es mejor poner dos menudas que una grande más
ahora que hace frío.
En alguna nota anterior yo dije que usé anzuelo del nº 1
y ponía carnada grande, hago notar que en ese momento en
que no hacía frío, había mucho pescadito chicuelo y
atacaban velozmente sin darle tiempo a los más grandes,
sin hablar del millón de dientudos, entonces colocando
generosas carnadas los desalentaba un poco y solamente
se le animaban a esos bocados, los mayores.
Hoy estos animalitos están muy bien alimentados y toman
las carnadas muy sutilmente y sin muchas ganas. Por ese
motivo hay que afinar todo el equipo como cuerdas de
violín y usar mojarras vivas para tentarlos con sus
vibraciones.
A los cinco minutos veo parar y desplazarse la última
boya, como la línea es mía, para mí la primer boya es la
que le sigue al alcahuete, usted a sus boyas numérelas
como quiera, clavo y traigo el primer pejerrey, al
izarlo al bote mi mujer me pide que lo suelte al
pobrecito, era un ejemplar de unos 40 cm., me dolía pero
accedo en nombre de la paz y la armonía, le doy un beso
en la peladita y lo libero, encarno, acomodo los cebos
de los otros dos anzuelos y lanzo, no pasaron tres
minutos cuando la misma boya acusa la presencia de otro
hasta ese momento pez, nueva clavada, el equipo se
comporta de magnífica manera, pejerrey esta vez de 30
cm. que se transforma en pescado y siento la voz de mi
mujer que me dice -que lo suelte-, -que es chiquito-,
-pobrecito, mirá como salta para todos lados-, -quiere
escaparse-.
Aprovecho para hacer un trato: -Lo suelto pero me dejas
de joder-, le digo, -O te llevo al embarcadero y te
quedas en el auto-.
Zanjada la disputa, con ella a bordo y con la boca
cerrada, sigo pescando mientras vamos cruzando la laguna
muy suavemente, de pronto me doy cuenta que el sol
comienza a desplazarse de modo tal que el viento soplaba
en una misma línea con él y comenzaba a ponerse difícil
pescar en la resolana, levanté unos cuantos pescados más
y al llegar cerca de la orilla donde muere el viento
puse el motor en marcha y levanté el fondeo, en ese
orden, yendo a buscar la otra costa para iniciar una
nueva pasada, pero decidí ir más a la mitad de la
laguna, craso error, en toda la gareteada no tuvimos un
pique, María Sara pescaba con un paternóster casi
rozando el fondo y ni siquiera se movió la boya.

A LA TARDE
Volví a la zona en que estuvimos a la mañana pero ya la
brisa se había transformado en viento, suave pero viento
al fin y sumado al reflejo del sol, se complicó
bastante, eran las dos y mi mujer comenzó a acordarse de
las milangas que nos había hecho Carmen la noche
anterior, así que decidí anclar para comer, mientras
tanto y luego de pasar la brazolada de 45 cm. a la
primer boya y colocar otras dos de 35 y 25 cm.
respectivamente, dejaba derivar la línea hasta que
solamente veía tres puntos luminosos en el agua e
invariablemente allá, bien lejos del bote, se producían
los piques y ahí es donde comenzó a complicarse la cosa,
tuve que aprender a cañar de nuevo con este equipo y
entre yerros y aciertos logré arrimar algunos más.
Sacrifiqué un pejerrey para hacer filetes, así al errar
una clavada no descarnara inmediatamente y me permitiera
dejar la línea un instante más por si se repetía el
ataque.
No importaba cuanto los dejara comer, siempre venían del
piquito, están muy bien alimentados, ingieren el
plancton vegetal en suspensión que por cierto hay mucho
y quedó demostrado al momento de filetear, tienen el
estómago repleto de materia vegetal.
Por eso se complicaba tanto la pesca y se ve que al
correrse la bola, la gente dejó de ir, pero que hay
pescado, hay pescado, eso lo firmo.
Yo había desarmado el paternóster y le puse una
brazolada de cincuenta cm. colgando directamente de la
boya, encarnamos una mojarra y un filet y le pedí a
Sarita que dejara derivar ese engendro, al rato veo que
ella se incorpora, toma la caña que había dejado apoyada
en la borda y clava, trayendo del piquito para mi
desesperación, un matungo de más de 45cm., logramos
subirlo y luego de negarse a soltarlo, por supuesto,
dimos por terminada la jornada, ya eran las cinco de la
tarde.
EL REGRESO SIN GLORIA
Llegamos al embarcadero con la cabeza gacha, al menos
yo, por lo magro de la pesca, traíamos ocho pejerreyes,
dos que solté a instancias de mi mujer, uno que usé para
hacer filetes, dos mas que solté por tener escasos 25
cm., y si cuento tres, que por venir del piquito, se me
desprendieron de los anzuelos y en lugar de caer dentro
del bote pegaron en la borda y en el motor cayendo al
agua, habíamos sacado dieciséis piezas solamente, encima
pescando con el sol en contra.
Grande fue mi sorpresa cuando desembarcamos, la media
general de los otros botes incluido un trucker, había
sido de tres a cinco piezas por caña, cuando fui a
buscar mis pescados me confirmaron los fileteadores que
la pesca había sido escasa, entonces comencé a sacar
pecho y a hincharme como un pavo real, sin que nadie lo
note, si con este equipo tan disímil al que estuve
acostumbrado a usar por más de cuarenta años, tuve esta
performance, quiere decir que no solo me había adaptado
bien sino que había entrado en el nuevo mundo conceptual
de la pesca mezclando experiencia y tecnología de última
generación. ¿Que me contás?
Veremos como sigue esta historia en futuras salida.
Y como siempre digo: “Si quieren pescar bien, hagan bien
los deberes”.
Hasta la próxima.
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